Murió por Covid doble femicida de Campo Ramón

POLICIALES

El deceso se produjo por “shock séptico, neumonía, Sars-Cov 2”, dijeron del hospital. El 5 de enero de 2014 Vareiro atropelló intencionalmente y mató a las dos jóvenes.

Hugo Ángel Vareiro (51), condenado a prisión perpetua por el doble femicidio de Cinthia Marisol Gómez (22) y de Yessenia Fillipín (21) en Campo Ramón hace siete años, falleció el último jueves por un cuadro de Covid-19 agravado por otras patologías, confirmaron desde el Servicio Penitenciario Provincial (SPP).

Sus restos fueron inhumados ayer en el cementerio de Villa Bonita, municipio de Campo Ramón, donde reside su familia. La comuna local estuvo a cargo del traslado del cadáver y aportó el ataúd. En tanto, por protocolo no se realizó velatorio.

Ante la consulta, desde el hospital Samic precisaron que Vareiro ingresó el  pasado 22 de junio, permaneció internado en terapia intensiva con asistencia respiratoria mecánica y su deceso se produjo por “shock séptico (infección generalizada), neumonía, Sars-Cov 2”.

Mencionaron que en el mismo centro asistencial continúan internados otros tres internos de la Unidad Penal II de Oberá afectados por coronavirus, entre ellos el tristemente célebre Domingo Jesús Penteado (65), conocido como “la bestia misionera”.

Con relación a Vareiro, el 5 de enero de 2014 atropelló y mató intencionalmente a Gómez y Fillipín, quienes transitaban a bordo de una moto por ruta provincial 103, en Campo Ramón.

En el juicio oral quedó probado que el imputado cometió el doble homicidio por un rencor previo con Gómez, quien era hija de su ex concubina.

En consecuencia, el 29 de octubre de 2014 el Tribunal Penal Uno de Oberá lo condenó a prisión perpetua por doble homicidio calificado por haberse cometido contra una mujer en el contexto de violencia de género y homicidio simple.

Amenazas previas

En el debate se determinó que el asesino también apuntaba su bronca hacia María Álvez de Olivera, hermana de Cinthia Gómez, a quien Vareiro confundió con Yessenia Fillipín y por ello chocó de frente el auto que conducía contra la motocicleta en la que viajaban las víctimas.

La oscura motivación del crimen fue la venganza que les juró Vareiro a las hijas de su ex concubina, Mirian Álvez de Olivera, quien desde un primer momento denunció que el implicado le decía que se iba a “desquitar” de las jóvenes porque consideraba que ellas tuvieron la culpa de la separación de la pareja.

Es que Cinthia y María no aceptaban el comportamiento de la pareja de su madre, quien llegaba borracho a la casa reclamado la comida y atenciones que no merecía. Tampoco colaboraba con la economía familiar ni se interesaba por sus propias hijas, las que entonces tenían diez y once años.

Según el expediente, el día del hecho asistió a una riña de gallos en Alvear, luego jugó al pool en Campo Ramón, fue a Oberá, volvió a Campo Ramón y de ahí a Villa Bonita. En todos los cinco lugares donde estuvo y bebió cerveza.

“No aportaba en casa, llegaba malo, borracho y exigiendo. Cinthia siempre le reprochaba que era un padre ausente para sus propias hijas. Ella les ayudaba con las tareas y se preocupaba por las nenas”, declaró Álvez de Olivera.

Al momento del deceso su hija tenía un pequeño de cuatro años. Por ello, la mujer se dirigió al acusado y le preguntó: “Vareiro ¿por qué mataste a mi hija? Yo te di todo y vos me quitaste a mi hija y dejaste a un inocente sin su mamá. El día que enterré a mi hija, vos sepultaste mi vida. ¿Por qué, Vareiro?”.

“Quería matarme a mí”

En el juicio, la mujer reconoció que después de un par de meses de convivencia el acusado empezó a tomar y la relación fue cada vez peor. Fue así que se separaron y Vareiro comenzó con las amenazas.

“Yo lo veía para pedirle que venda el auto, porque yo saqué un préstamo para comprar el Duna, y me reprochaba que por culpa de mis hijas él y sus hijas tenían que vivir mal. Me decía que se iba a desquitar, que se iba cobrar lo que le hicieron. Pero nunca pensé que fuera capaz”, reconoció.

La mujer citó un dato escalofriante que luego fue ratificado por otros testigos. En una discusión previa a la separación, el hombre amenazó con matar al gato de María. Al otro día la mascota desapareció y nunca más fue vista. 

A su turno, María Álvez de Olivera recordó que esa tarde su hermana la invitó para ir jugar a jugar al vóley. “Pero mi mamá no me dejó”, señaló, ya consciente de que el consejo maternal le salvó la vida.

“Cinthia me mensajeó y me contó que Vareiro estuvo toda la tarde merodeando por donde ella andaba y que tenía miedo de volver”, agregó. Estos dichos fueron respaldados con la constancia de mensajes de texto que dejan en claro que el sujeto la seguía, aunque le pidió a su hermana que no le diga nada a su mamá para no preocuparla.

“Yo era la que más lo enfrentaba (a Vareiro) y fue Yessenia en el lugar que me tocaba a mí,  porque él quería matarme a mí”, afirmó con la voz quebrada, y mencionó que en las horas previas su hermana pidió prestado un buzo con capucha para tratar de pasar desapercibida.

“Estaba esperando que él se vaya para volver a casa, eso me dijo por mensaje”, agregó.


Sentencia histórica

La sentencia impuesta a Hugo Ángel Vareiro fue la primera en el ámbito local bajo la figura de femicidio, contemplada en el artículo 80, inciso 11, a partir de la modificación del Código Penal.

En este caso se probó que el acusado tuvo la intención de dañar a una mujer, Cinthia Gómez, lo que constituye un agravante por tratarse de un delito de género.

Por ello la tipificación de “doble homicidio calificado por haberse cometido contra una mujer en el contexto de violencia de género y homicidio simple”. En tanto, se juzgó que no tuvo intención de asesinar a Yessenia Fillipín, ya que la confundió con la hermana de Cinthia, por ello la carátula de “homicidio simple” en el segundo caso.

El hecho ocurrió sobre la ruta provincial 103, a unos dos kilómetros del acceso a Campo Ramón, cuando el Duna de Vareiro se cruzó de carril para impactar a la moto que transportaba a las chicas. Minutos antes, Yessenia le había pedido a Cinthia que la acerque a su casa porque ya tenía hambre.

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