Con un fuerte operativo policial, los policias Matías Lohn y Fabio Boges volvieron al lugar donde en 2019 se produjo la muerte de Andrade. La familia reclamó justicia.

En un perímetro de un kilómetro, que fue blindado por policías y gendarmes, se realizó ayer en el paraje San Ignacio de El Soberbio la reconstrucción del asesinato del productor Reinaldo Andrade, por el cual están imputados el oficial de la Policía de Misiones, Esteban Matías Lohn y el cabo primero Fabio Boges -con prestación de servicios en el Comando Radioeléctrico de esa localidad- por los delitos de homicidio calificado por ser integrante de una fuerza de seguridad, agravado por el uso de arma de fuego, el primero en calidad autor y el segundo como partícipe necesario.
La pericia realizada por peritos de Gendarmería Nacional Argentina (GNA) llegados desde Buenos Aires, y considerada clave para echar luz sobre algunos grises de la secuencia de muerte, concentró en el punto exacto del crimen -un camino terrado que conecta con la ruta costera 2- a los abogados defensores de los acusados; Gabriel Miranda, Hugo Zapana y Martín Tilli; al representante de la querella, Daniel Braunstein; al fiscal de instrucción de San Vicente, Rodolfo Cáceres y al juez a cargo de la instrucción de la causa, Gerardo Casco.

El retén fue puesto a un 1 kilómetro del lugar exacto donde se produjo el hecho y donde ayer se realizó el procedimiento de reconstrucción.


Los disparos
Tanto Lohn como Boges llegaron bajo custodia del equipo táctico del Servicio Penitenciario Provincial (SPP) desde Puerto Rico, donde están privados de la libertad y debieron responder una y otra vez las preguntas y repreguntas hechas por juez, fiscal y abogados, para dar cuenta de sus acciones antes, durante y posterior al asesinato.
Sus testimonios no fueron coincidentes en relación a la distancia y dirección del disparo, aunque afirmaron que fue para persuadir hacia la luneta porque estaban siendo amenazados por la víctima que -según ellos- sacó el brazo derecho y apuntó hacia atrás. La autopsia concluyó que la bala ingresó detrás de la oreja derecha y que el disparo pudo haber sido a corta distancia.
Sobre la colisión al auto particular de los uniformados (estaban de civil), ambos mantuvieron su versión de que la víctima le cerró el paso cuando perseguían a un auto negro sospechado de contrabando, distinto a lo declarado por el testigo que iba en el auto de Andrade y ratificó que se habían detenido a orinar cuando escucharon disparos, ingresaron al auto y al momento de continuar la marcha los policías irrumpieron sin identificación, concretando el asesinato.

Los acusados fueron trasladados hasta el lugar por personal del SPP.

Los otros presentes
Igual que Lohn y Boges, decenas de preguntas debieron responder diez testigos, entre los que estuvo el amigo de la víctima, Fabián Sievers (Polaco), quien esa tarde iba en el asiento del acompañante y fue una de las declaraciones más relevantes de la reconstrucción.
También fue citado el jefe del Comando Radioeléctrico, Luis Donatti, de quien la familia del hombre asesinado sospecha que pudo haber plantado las armas en razón de que luego del crimen habría entrado y salido de la escena de civil, para un tiempo después volver a ingresar con uniforme. Entre los otros estaba un ambulanciero, un motociclista que casualmente pasaba por el lugar y se topó con la escena y los habitantes de una propiedad que el Gol Trend de la víctima invadió luego de quedar acelerado con el cuerpo de Andrade caído sobre el volante y pedales.
Las conclusiones finales serán enviadas al magistrado interviniente en algunas semanas, y recién entonces la causa podrá ser elevada a juicio si es que alguna de las partes no hace un nuevo requerimiento.

Las pericias del caso fueron realizadas por la GNA.

“Estaban ahí, a la caza, como sabiendo a quién esperar y qué hacer”

Sobre la ruta, bajo el sol intenso de la jornada y debido al impedimento de un retén policial, los padres, hermanos y parientes directos de la víctima desplegaron carteles con un pedido claro: ¡Justicia!
Fueron tajantes en afirmar que Reinaldo era un agricultor que trabajaba la tierra “y si así no fuera, si era un contrabandista como dicen los asesinos, por qué no actuaron como mandan las leyes en vez de ejecutarlo en un camino alejado de todo movimiento”, cuestionó Pablo Andrade, el hermano.
Pablo no se cansa de reiterar que “fue un terrible caso de gatillo fácil que, esperamos, se esclarezca y no se trate de cubrir a los responsables, porque no todo termina en los policías que lo mataron. Entendemos que hubo responsabilidad del mando del Comando Radioeléctrico porque fue un crimen cometido por dos policías de civil, en un auto particular, sin identificación y que se buscó disfrazar con un supuesto operativo”.
“Ese día él (por la víctima) estuvo en mi casa en San Vicente, almorzamos y a la tarde se fue a El Soberbio con dos amigos, a una chacra que tenía en El Fisco, para trabajar, llevaba las motosierras”, rememoró Pablo, quien guiado por el testimonio de Polaco (el acompañante que sobrevivió) contó que “las cámaras de la estación de servicio muestran que pasó mi hermano con el Gol y después salieron ellos (por los policías) con el Focus. Estaban ahí, a la caza, como sabiendo a quién esperar y qué tenían que hacer “, lamentó
Sobre lo ocurrido en el paraje San Ignacio, afirmó que “se detuvieron a orinar pero mi hermano se quedó en el auto. Segundos antes de entrar escucharon detonaciones, disparos, suben y en segundos los policías aparecen en ese auto oscuro, con vidrios polarizados y al ponerse casi a la par recibe el balazo, que de acuerdo a la autopsia entró de atrás y explotó en la frente, por eso es mentira la versión de ellos, que dicen que dispararon a la luneta porque se sintieron amenazados. Mi hermano no tenía armas”.
“El amigo llegó a meterse en el espacio entre el asiento y el piso, ensangrentado. Cuando el cuerpo se desplomó sobre el volante y los pedales, el auto quedó acelerado y avanzó, en ese momento seguramente chocó con el auto de ellos, se desvió hacia la cuneta y subió a un barranco para seguir a los tumbos hacia una casa. Se bajaron rápido (los amigos de su hermano) y llegaron los dos policías. Lohn abrió la puerta del conductor y estiró a mi hermano, que quedó boca abajo en el suelo y con el pié dio vuelta el cuerpo, eso me indigna. En eso salieron los dueños de la casa, también pasó el motociclista citado como testigo y Boges comenzó a llamar a alguien que creemos fue Donatti, quien al rato estuvo en el lugar, después se fue y volvió con el uniforme puesto”, recordó.
El hermano de la víctima entiende que en ese llamado “comenzó a gestarse el encubrimiento, creemos con mucha certeza que fueron plantadas las armas porque los mismos vecinos dijeron que caminaron por toda la escena y no había armas, pero llamativamente aparecieron”.
Donatti reconoció ayer que el día del hecho sus subordinados lo llamaron y fue el primero en llegar a la escena, que después se retiró para uniformarse y regresó, aunque las sospechas de la familia Andrade en relación a la aparición de las armas hasta ahora son solo eso.
Un punto que llamó la atención es que Lohn y Boges dijeron que llamaron a Donatti ni bien iniciaron la persecución del supuesto coche negro, e informaron sobre el procedimiento y que estaban de civil, lo que fue negado por el jefe del Comando, quien aseguró que lo llamaron cuando el crimen estaba consumado.
“Más allá de que el autor del disparo fue Lohn, Boges orquestó todo. Manejaba el auto y era quien conocía la zona. Donatti no podía desconocer lo que hacían sus súbditos, para nosotros también es responsable”, puntualizó el hermano de la víctima.

La familia de Andrade reclamó justicia al costado de la ruta.

“Mi hijo ni nadie merece esto”

El papá de Reinaldo, Dilceo Andrade, se sumó a la charla  y recordó que fue uno de los primeros en llegar “pero no querían que me quede, me corrieron, les dije soy el padre, ustedes mataron a mi hijo y si quieren que me vaya me van a tener que matar a mi también. Me quedé recostado en un árbol, sin poder creer. Ver a mi hijo con un balazo policial en la cabeza, agonizando y a los policías hablando por lo bajo, murmurando, me generó mucha bronca. Ni mi hijo ni nadie merece lo que le hicieron”.
El hombre contó que vive a pocos metros de la casa en la que vivía Reinaldo junto a la esposa y dos hijos, sobre la ruta provincial 13 y que eran “muy unidos” por lo que “lo extraño mucho todos los días”.
“Espero que esta reconstrucción ayude a poner luz sobre lo que ocurrió. Ellos dicen que mi hijo es contrabandista, no es así, pero está claro que lo asesinaron y deben pagar por eso”, manifestó y esa línea aseguró que “vamos a hacer lo imposible para que se sepa la verdad, para que se esclarezca por qué lo asesinaron y se haga justicia”.
Desde un mirador de la ruta costera Dilceo siguió la reconstrucción del hecho a través de un claro entre los árboles en función de que no fue citado y por ende, no pudo acceder.

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