En algún momento de la conferencia de prensa, el verborrágico ministro de Agricultura, Julián Domínguez, se detuvo sobre sus pasos, revisó mentalmente un concepto y desandó una frase, quizás temeroso de herir susceptibilidades del secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti. “No me quiero inmiscuir en un tema que no es de mi incumbencia”, se disculpó.

¿De qué venía hablando? De los siete cortes que se destinarán por completo al mercado interno porque su exportación seguirá lisa y llanamente prohibida en 2022. El problema no era ese sino que Domínguez venía diciendo que esos cortes -que equivalen a más o menos el 22%/24% del peso de una media res- se iban a ofrecer a un “precio diferencial” en el mercado interno.

“La política de fijación de precios la resuelve el Secretario de Comercio Interior. Yo nunca opino de temas que no son de mi competencia”, enfatizó Domínguez, tras anticipar que Feletti recibió este viernes a los frigoríficos exportadores del Consorcio ABC, a los que el gobierno finalmente comprometió a volcar 20.000 toneladas de carne a menor precio durante las fiestas del fin de año, para evitar faltantes y calmar posibles conflictos sociales.

Lo que discutió Feletti con esos frigoríficos será el precio al que venderán esas 20 mil toneladas adicionales de los 7 cortes prohibidos de consumo popular, que son el asado, la tapa de asado, el vacío, el matambre, la falda, la paleta, y la nalga o la cuadrada (se está debatiendo cuál quedará prohibido).

Los frigoríficos del Consorcio ABC vienen entregando unas 6.000 toneladas de cortes a precios baratos (por ejemplo, el asado cotiza a insólitos 450 pesos) a través del programa oficial de “precios cuidados” en una red de 2.600 puntos de venta, en especial los supermercados. Se especula que las 14 mil toneladas adicionales que deberán soportar este mes también se ofrecerá a un valor mucho más bajo que el del mercado. Será lo que definan con Feletti.

Los siete cortes prohibidos para la exportación representan 24% del total de una media res

Pero una cosas es ese programa de carne barata y otra muy distinta que toda la producción de esos siete cortes -incluyendo la de frigoríficos orientados al consumo o que participan marginalmente de las exportaciones- deba tener “precios preferenciales”, como insinuó varias veces Domínguez en la conferencia de prensa. ¿Será posible que el secretario de Comercio Interior quiera imponer un precio más bajo para todos los asados que obligatoriamente deben quedar dentro del país?

Parece difícil pensar en algo así. Con una faena de poco más de 1 millón de cabezas por mes, la producción de carne vacuna se arrima a las 250 mil toneladas por mes. De ese volumen de carne, los siete cortes prohibidos representan cerca del 55 mil toneladas. Los frigoríficos exportadores, a su vez, concentran de 25 a 30% de la faena. Es decir que ellos dispondrían de  unas 15 mil toneladas mensuales de dichos cortes reservados al mercado interno.

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