Luis “Cuervo” C. estuvo varias veces preso por diferentes delitos. Otra vez en libertad, se jacta de andar armado. “Para los giles cuando nos crucemos a los tiros”, posteó en su perfil

Para definir la calaña del personaje alcanza con mencionar que en marzo de 2018 fue detenido por lesiones y amenazas en perjuicio de su propia abuela de 70 años. Pero mucho antes, siendo menor, inició un recorrido por todas las comisarías de Oberá acusado de innumerables delitos contra la propiedad.

No tardó demasiado en recalar en el redituable negocio de las drogas, donde se convirtió en uno de los principales transas del conocido Gabi M., considerado como uno de los principales distribuidores de cocaína de Oberá.

Pero el año pasado la relación entró en cortocircuito, hubo pase de facturas y Luis “Cuervo” C. (29) se peleó con su jefe. Y no fue una discusión menor, al punto que se cruzaron amenazas de muerte.

Sin acceso a la droga por su distanciamiento con Gabi M., el Cuervo regresó a las andadas como ladrón a mano armada y a mediados del año pasado volvió a ser detenido acusado de robo calificado.

Ya tras las rejas en la Seccional Tercera habría sido amenazado por su ex patrón en complicidad con algunos policías que luego fueron trasladados.

Resulta que su concubina recibió por WhatsApp una foto suya en el interior de una de las celdas de la Tercera. La imagen incluyó una frase amenazante y habría sido enviada por Gabi M.

Lo cierto es que a mediados de enero el Cuervo recuperó la libertad y de inmediato activó su cuenta de Facebook, donde lejos de mostrarse mesurado, no hace más de agitar una imagen de gánster incorregible y se jacta de andar armado.

“Por las buenas se arreglan y hablando, si no a los tiros donde uno se cruza nomás, corta”, se lee en uno de sus posteos.

Vecinos de Villa Cristen -donde reside- alertaron que anda armado y se dice “intocable”.

“Se viene la guerra”

En la biografía de su perfil de Facebook, se lee: “Trabajó como jefe de la sombra y de la noche y vendiendo droga con barny”.

Tras su disputa con Gabi M., el Cuervo habría tejido alianza con Maxi P., quien viene escalando peldaños en la distribución de cocaína a nivel local.

Además de las recurrentes frases “tumberas” que dan cuenta de su paso por las cárceles de Oberá y Cerro Azul, el Cuervo también avanza en claras amenazas hacia supuestos deudores.

“Para los giles cuando nos crucemos a los tiros, vos y cualquiera y todos los que me deben malagradecidos. Que se pudra de una vez, no me hace nada pero se las voy a cobrar lo juro”, escribió.

En otra entrada expresó: “Ratas mal agradecidas hay muchas, les das una mano y te cagan. Después quieren andar tranqui. Se viene la guerra. Así paga hoy en día la gente traidora”.

En la misma red social dejó constancia que volvió al ruedo sin ningún tipo de complejo y a la vista de todos.

“Paso al privado número nuevo y desde ahí y todo el finde 24/7 full time clientes exclusivos nomás. Saludos que no decaiga la envidia de los giles”, posteó.

Fuentes de la propia Policía se mostraron sorprendidas por la impunidad de las publicaciones del Cuervo Luis C., lo que relacionaron con ciertos vínculos en la propia fuerza, ya que tiempo atrás habría oficiado como informante.

Pero nada es gratis en el mundo del hampa, por lo que enseguida llegaron las consecuencias y la reprimenda de Gabi M., una figura varias veces nombrada en investigaciones y expedientes por infracción a la ley de estupefacientes.

Repartió sobres

En ese contexto se habría registrado la amenaza del año pasado denunciada por el Cuervo, cuya concubina recibió una foto suya en la celda de la Seccional Tercera.

Por ello, ante lo que consideró un acto de intimidación a su persona y su familia, radicó una denuncia y ventiló cuestiones que relacionarían a Gabi M. con dos oficiales que actualmente se hallan en disponibilidad por el escándalo de la desaparición de un kilo de cocaína del depósito de la Unidad Regional II de Policía.

En paralelo, las autoridades policiales ordenaron el relevo de dos agentes -un hombre y una mujer- que cumplían funciones en la Seccional Tercera, ya que se sospecha su presunta responsabilidad en la toma y difusión de la fotografía del detenido, considerada una falta administrativa grave. 

En diálogo, una fuente mencionó que Luis C. reconoció que trabajó para Gabi M. y que en tres ocasiones llevó sobres para dos oficiales de la desmantelada División Toxicomanía de la UR II. 

Dichas entregas se habrían realizado en inmediaciones al polideportivo Ian Barney de Oberá, en Villa Cristen.

Por el tenor de la misma, la denuncia de Luis C. fue recepcionada en dependencias de la UR II, cuyas autoridades dieron parte a la Dirección de Asuntos Internos de la Policía de Misiones. En paralelo, se dio intervención al Juzgado Federal de Oberá.

Red compleja

La figura de Gabi M. aparece en el expediente por la desaparición de un kilo de cocaína del depósito de la UR II, hecho que derivó en el procesamiento de cinco policías.

El faltante del estupefaciente fue detectado el 11 de agosto del 2020 y desde un primer momento las sospechas se enfocaron en los funcionarios encargados de la custodia, ya que la puerta de acceso al depósito no fue forzada, por lo que quien o quienes tomaron la droga disponían de las llaves del lugar.

Es decir, el estupefaciente desapareció del interior de un depósito judicial cuyo control era exclusiva responsabilidad de la Policía.

En la instrucción se probó que si bien el jefe y el segundo a cargo eran los encargados de las llaves del resguardo, la misma estaba al alcance de todo el personal.

También se determinó que no se llevaba un detalle exhaustivo de quién o quiénes ingresaban al depósito, ubicado en dependencias de la Seccional Tercera de la UR II, ni había un libro de guardia ni cámaras en el lugar.

De todas formas, el juez Federal de Oberá, Alejandro Gallandat, no pudo probar la responsabilidad material del hecho y dictó la falta de mérito respecto a la infracción a la Ley de Estupefacientes. En cambio, cinco policías fueron procesados por incumplimiento de los deberes de funcionario público, fallo confirmado por la Cámara Federal de Apelaciones.

Vínculo probado

Tal como viene publicando este diario, a lo largo de la instrucción a cargo del juez Gallandat los policías implicados se cruzaron acusaciones y trataron de salvar sus responsabilidades.

En líneas generales, los subalternos apuntaron al jefe y al segundo a cargo, quienes de por sí tienen mayor responsabilidad por la cadena de mando.

“Noté que muchas personas tratan de perjudicarme, prácticamente todo mi personal, donde tratan de acusarme que llevo una vida económica fuera de lo normal como policía. Me da a entender que casi todos están complotados contra mí”, argumentó el subcomisario Carlos Ariel L. en su ampliación de declaración indagatoria, confirmando la fractura con el personal que estaba bajo su mando.

También reconoció su vínculo con Gabi M: “Él quería aportar datos sobre una causa judicial de la justicia ordinaria, causa en la cual yo estaba colaborando con la Brigada de Investigaciones. Dicha reunión se hizo en el estudio de su abogado, el doctor K”.

Y agregó: “En otra oportunidad el doctor K. me había dicho para volver a tener otra reunión, pero como ya en la base un personal se dedicaba a hablar a mis espaldas sobre estas cuestiones, yo le dije al doctor K. que no tengo ningún problema en atenderlo o recibir información de parte de él, pero que lo recibiría en mi base como a cualquier otra ciudadano”.

Como contrapartida, varios de los subalternos mencionaron que Gabi M. era más que un informante del jefe, tal como consta en el expediente.

“Siempre se sospechó”

Siempre con relación a Gabi M., Carlos Ariel L. reconoció que la división que dirigía lo investigó en varias ocasiones, aunque insistió en que nunca hubo pruebas contundentes en su contra, lo que contrasta con la versión de subalternos.

Por ello, en sede judicial le preguntaron por qué se reunió con él si sabía que lo estaban investigando por narcomenudeo: “Tenía datos de una causa de la justicia ordinaria, pero no quería reunirse en mi división para quedar como supuesto informante ante mis subalternos”. En tanto, confirmó los dichos de una suboficial que en una oportunidad alertó sobre movimientos del presunto distribuidor, a quien identificó ingresando a una residencia con una mochila.

“En ese momento no teníamos oficio de investigación, si bien siempre se sospechó que el señor M. llamó la atención, no había elementos para solicitar una orden de allanamiento”, declaró el subcomisario.

De todas formas, indicó que “al otro día la suboficial estaba molesta porque no se hizo nada con el dato que aportó”, reconociendo que los subalternos elevaron reclamos al respecto.

También trató de justificar su relación con Gabi M. por su anterior pertenencia a la Brigada de Investigaciones, ya que lo detuvo varias veces, incluso cuando era menor de edad.

Al respecto, manifestó que “no digo que había una amistad, pero siempre lo traté como a una persona. Se quejaba que en otras dependencias siempre lo golpeaban. Pero yo le trataba e incluso le aconsejaba. Por eso después quiso aportar alguna información”.

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