La ley fue aprobada por 56 votos a favor y 13 en contra del sector liderado por la vicepresidenta, que quedó en minoría dentro del oficialismo y fue acusado de “irresponsable” por la oposición

El Senado confirmó ayer jueves un dato clave: la división política del Frente de Todos. La votación expuso otra cuestión: por primera vez -en muchos años-, Cristina Kirchner quedó en minoría política y no manejó a su antojo al CongresoMáximo ya había quedado muy solo en DiputadosAlberto Fernández saboreó la derrota de la vice. Y es que el peronismo derrotó al kirchnerismo que encarna la vicepresidenta.

La votación fortaleció la endeble gobernabilidad de Alberto Fernández. Evitó la licuación de su frágil cuota de poder y dejó al descubierto la debilidad de Cristina Kirchner. Para colmo, perdió en todos los rubros, ya que la vicepresidenta se fue del recinto para no estar presente en el momento de la votación. Pidió que se acortaran los discursos, pero los senadores se negaron, por lo que le asestaron un duro golpe. Estuvo menos de media hora a cargo de la reunión.

En la previa de la sesión, la ex presidenta se mostró molesta por los tiempos de los discursos: 40 minutos para los miembros informantes, 10 para los 28 senadores anotados para hablar y media hora para ocho jefes de bancada. En ese momento era la misma duración para Mayans, tres de Juntos por el Cambio y los monobloques. Cristina argumentó que ese esquema no estaba contemplado en el reglamento de la Cámara.

Pero le explicaron que se trataba de un acuerdo entre los referentes de los bloques, por lo que volvió a sufrir una derrota en su propio recinto del Senado. Justamente, hay un quiebre en el bloque del Frente de Todos en el Senado. Era un área de total dominio de Cristina Kirchner. Su presidente, el formoseño José Mayans, no hacía ni hace nada sin consultarle a ella. Era impenetrable ese bloque, sobre todo para la Casa Rosada.

Eso cambió, y hay una militancia del presidente Fernández y de su jefe de Gabinete, Juan Manzur, a través de los gobernadores para darle vuelta senadores a Cristina en el bloque que, hasta hace poco, ella dominaba. La bancada se quebró desde la semana pasada cuando el Presidente se exhibió en una reunión con gobernadores en la que no estaban ni Alicia Kirchner ni Axel Kicillof ni Gildo Insfrán, de Formosa.

Hay una contradicción que está en el fondo de este problema y emerge con este tema del Fondo: estamos viendo que Cristina Kirchner, si uno encuesta en los sectores más vulnerables, muy probablemente sigue siendo la principal líder política entre esos sectores. Pero ese poder electoral que le permite tener una influencia enorme sobre el peronismo no se traslada a un poder sobre la dirigencia peronista.

Lo que estamos viendo en esta discusión sobre el Fondo es lo mismo que vimos no tan claramente cuando los ministros de La Cámpora le presentaron su renuncia a Alberto Fernández, y salieron la CGT, los gobernadores y los movimientos sociales ligados a la Casa Rosada, a respaldarlo. Esta fisura ya estaba entonces y ahora lo único que hace es aflorar. Un momento de verdad que nos obliga a preguntarnos, por el destino de Cristina Kirchner.

Con este poder le alcanza para gobernar en la provincia, eventualmente para ser senadora allí en 2023, no sabemos bien con qué compañero de fórmula. Algunos dicen con Axel Kicillof. Pero, ¿Kicillof no se va a reelegir? Parece que le tienen más confianza ahora a Martín Insaurralde, que tiene menos ideas, pero más pragmatismo que el gobernador bonaerense. ¿Y el otro peronismo no kirchnerista?

Hasta ahora era de Juan Schiaretti, borrosamente de Omar Perotti, de muchos peronistas alineados con Juntos por el Cambio, a la cabeza de todos Miguel Pichetto. ¿Vamos a ver integrado en ese pelotón a Alberto Fernández? ¿Hasta dónde se está reconfigurando el mapa político y de los partidos? Porque esos peronistas de provincia, esos sindicalistas, esos dirigentes sociales, también tienen un pronóstico sobre el futuro.

Y ven que el Gobierno entra en una zona riesgosa desde el punto de vista económico. Sube el precio de los alimentos, hay más inflación y ellos responden con más retenciones. Hay un problema con el aumento del precio de la energía que no se compensa con los dólares que van a entrar por el aumento de los commodities y un programa de gobierno mediocre pactado con el Fondo.

Hay otro actor que mirar, Gerardo Morales, gobernador de Jujuy y presidente de la UCR, que aboga por un gran acuerdo con el Gobierno. Estuvo en Abu Dhabi con el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, exradical, Jorge Capitanich de Chaco, Raúl Jalil de Catamarca y Ricardo Quintela de La Rioja, yendo a buscar inversiones para sus provincias. Pero pareciera que el viaje es más que eso.

Y que hay alguna conversación de una aproximación mayor entre Juntos por el Cambio y un sector del peronismo que hoy integra el Gobierno. ¿El enfrentamiento con Cristina Kirchner va a derivar en un peronismo no kirchnerista inimaginable hoy? Porque este club de gobernadores es coordinado por Juan Manzur. De nuevo: ¿Hay un plan de Gerardo Morales con dirigentes peronistas?

¿Está Massa en ese programa de ir a una convergencia entre un sector de Juntos por el Cambio y uno del peronismo? Si miramos para atrás tiene lógica, porque en 2015, antes de la convención de Gualeguaychú, que terminó en una convergencia entre la UCR, la CC y el Pro, el plan de Morales en combinación con Sergio Massa era una alianza entre el peronismo no kirchnerista y la UCR.

Naufragó en esa convención. ¿Se repone este plan? Hay que mirar mucho a Morales. Son cosas en estado embrionario, que pueden llegar a pasar. Mientras tanto, en la residencia del gobernador Osvaldo Jaldo, se reunieron el presidente Alberto Fernández, el jefe de Gabinete Juan Manzur y el ministro Aníbal Fernández y todos afinan la estrategia para enfrentar al kirchnerismo.

Se habló largo y tendido sobre el relanzamiento del Gobierno. Y finalmente, del nacimiento del “albertismo” con el que tantas veces amagó el Presidente y que ahora, con la fractura expuesta en el Frente de Todos, parece cobrar fuerza casi como una necesidad para mantener el barco a flote, para usar la metáfora que el propio Alberto Fernández acuñó ayer en Tucumán y mientras espera que el peronismo entierre para siempre al kirchnerismo.

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