Los nosocomios privados de la provincia de Buenos Aires que continúan batallando por su existencia, denunciaron una estrategia en conjunto del ministerio de Salud, la Asociación de trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) y el Instituto Obra Médico Asistencial (IOMA), con el objetivo de llevarlas a la quiebra y luego comprarlas a bajo costo.

Los nosocomios privados, principalmente los ubicados en la capital provincial, continúan cayendo bajo una asfixia financiera sin precedentes que, de acuerdo a los propietarios, se debe a un preocupante “efecto de pinzas” protagonizado por el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires y el sindicato de trabajadores nucleado en la Asociación de trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA).

En este escenario, el caso de la clínica Mater Dei se erige como uno paradigmático. Agobiada desde el año 2018 por la inflación y la disparada del dólar, lo que motivó que muchos de los insumos básicos para el funcionamiento del instituto se tornen insostenibles, la llegada de la pandemia incrementó la fragilidad de su situación financiera.

Fue entonces cuando comenzaron los aprietes de los delegados gremiales de ATSA La Plata. Uno de los apuntados fue Alfredo Villacorta, quien conduce una línea opositora al secretario General, Pedro BorginiVillacorta fue acusado por los propietarios del Mater Dei de bloquear la clínica, el presunto pedido de coimas y hasta de intimidar a pacientes y sus familiares para que abandonen el lugar.

El objetivo de los delegados del sindicato era simple y evidente: asfixiar económicamente la clínica con el objetivo de llevarla a la bancarrota y luego poder comprarla a un precio vil. No sería ésta la única vez que ocurre en una provincia de Buenos Aires en llamas tras la cuarentena.

En la oscura estrategia, de acuerdo a los propietarios de las clínicas privadas, se encuentran involucrados el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, a través de su subsecretaria de Gestión de la Información, Educación Permanente y Fiscalización de su cartera, Leticia Ceriani, las autoridades del IOMA, con el presidente Homero Giles a la cabeza, y el propio sindicato de salud.

“Para ellos es un gran negocio. Llevan a la clínica a la quiebra y la compran funcionando, completamente equipada, lista para abrir al otro día, por unos pocos pesos”, aseguraron los propietarios. Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, ni siquiera existe un pago o retribución, sino que simplemente se hacen cargo de las deudas que ellos mismos forzaron a crear.

Una de las estrategias más viles a las que recurrieron las autoridades bonaerenses fue la de dejar de abonarle a las clínicas las prestaciones del IOMA. “Actualmente, IOMA y PAMI son el 80 por ciento de nuestros ingresos. Ellos buscan cualquier excusa posible para clausurarnos y, con esa razón, darnos de baja el pago de las prestaciones. Es una táctica cruel y burda, con la idea de ahogarnos financieramente”, aseguraron.

Con varias clínicas al borde de la quiebra, Homero Giles se despachó con una millonaria compra de productos informáticos, lo que expuso nuevamente su poco interés en resolver las urgencias de los nosocomios privados de la provincia de Buenos Aires.

En efecto, a través de la licitación 317-0298-LPU22, el Instituto Obra Médico Asistencial (IOMA), buscará comprar componentes y suministros de comunicaciones, equipos informáticos y periféricos, entre los que se encuentran nuevos servidores, por un presupuesto total de 94.9 millones de pesos.

“Con el 10 por ciento de esa cifra podrían salvar al menos a una de las clínicas en quiebra, mantener cientos de puestos de trabajo y permitirnos continuar con la atención médica de los pacientes, que son lo más importante. La actitud de Giles es un símbolo de la falta de empatía que tiene esta gestión con los enfermos y sus familiares”, aseguraron los propietarios de los nosocomios en crisis.

Los tiempos se acaban, las cuentas continúan sus procesos y las deudas se acumulan. Sólo quedan unas pocas semanas para que el sindicato de Pedro Borgini y las gestiones de Nicolás Kreplak y Homero Giles, al frente del sindicato de Salud bonaerense y el IOMA respectivamente, decidan si llevan las clínicas a la quiebra o si, por primera vez, deciden recorrer el camino correcto.

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