El cierre de las exportaciones del sector impactan en cerca de USD 330 millones entre el segundo y el tercer trimestre. Las futuras exigencias trimestrales tendrán un “factor de ajuste” dependiendo de la evolución de la cosecha gruesa y de las exportaciones en general

Aunque se esperaba para el martes, las idas y vueltas entre el FMI y el ministerio de Economía demoran el acuerdo para llegar a las nuevas metas de reservas para el 2023. Ahora surgió un obstáculo inesperado: la gripe aviar, que llevó al Gobierno a suspender las exportaciones del sector. El pedido al Fondo es que tenga en cuenta ya no solo la sequía y las heladas que afectaron notoriamente la producción agrícola, sino también lo que se terminará perdiendo por las menores ventas de pollos al exterior.

Según las estimaciones del ministerio de Economía, el impacto de la prohibición de exportaciones avícolas implica que entrarán unos USD 330 millones menos, una merma que se sentirá específicamente entre mayo y agosto. Por eso la idea es que ese menor ingreso de divisas también esté considerado al momento de revisar las metas trimestrales, es decir qué piso de reservas netas debería tener el Central para los cierres de mayo, junio, septiembre y diciembre.

Las demoras para que se efectivice el anuncio desde Washington tienen que ver justamente con calcular lo mejor posible esos niveles. Cada meta además incluirá un “factor de ajuste” que variará hacia arriba o hacia abajo de acuerdo al desempeño de las exportaciones. Si fueron menos afectadas por la sequía de lo esperado, entonces le exigirán al BCRA una mayor acumulación de reservas. De lo contrario, le exigirán un nivel menor.

De esta forma, se va hacia una suerte de esquema de “metas móviles” de reservas, ya que no se tratará de un valor fijo, sino que se irá modificando en relación al desempeño de las exportaciones. Se trata de un elemento inédito incorporado en la negociación con el FMI, que fue clave para aceptar la flexibilización que solicitó la Argentina.

El FMI y la Argentina están definiendo la implementación de una suerte de “metas móviles” de reservas, que se irán modificando sobre la marcha, de acuerdo al impacto que la sequía tenga en las exportaciones del agro. Ahora se incorporó un nuevo factor a esa ecuación, que es la gripe aviar

“Tenemos que ser muy puntillosos en las metas que se definirán, porque más allá del anuncio todo debe ser confirmado por el directorio del Fondo y ahí no vamos a tener una segunda oportunidad”, explicaron fuentes del palacio de Hacienda que están en plena negociación.

El Gobierno había quedado muy lejos de las metas de reservas netas que debía contabilizar para fin de marzo. Sin las modificaciones que se vienen, precisaba acumular alrededor de USD 3.300 millones, algo que se volvió virtualmente imposible. Y para junio se volvía todavía más difícil porque precisaba unos USD 2.000 millones adicionales para el cierre de junio.

Si bien en las próximas semanas se esperan varios desembolsos de organismos multilaterales, son cifras insuficientes para alcanzar aquellas metas. Incluso el FMI debería desembolsar USD 5.300 millones antes de fin de mes tras la aprobación de las exigencias de diciembre pasado. La cuarta revisión del acuerdo habría concluido de manera exitosa, incluyendo también el déficit primario inferior a 2,5% del PBI.

La titular del FMI, Kristalina Georgieva, anunció tras el encuentro con Massa en la reunión del G-20 en India que Argentina hacia cumplido de manera satisfactoria con las exigencias previstas para el cierre de 2022, aunque el anuncio formal terminará llegando desde Washington.

Más allá de las metas trimestrales vinculadas a las reservas, entre los inversores empieza a crecer la preocupación por la situación fiscal. El dato de enero fue muy malo, con un déficit primario superior a los $ 200.000 millones, que superó ampliamente el rojo del año pasado. La recaudación de febrero tampoco arrojó un buen resultado y aumentó 82%, casi 20 puntos menos que la inflación.

Esta situación augura un deterioro preocupante en el comportamiento fiscal y en la posibilidad de una reducción del gasto público, que como mínimo acompañe la merma de los ingresos públicos. Los problemas para cerrar la caja implican mayor emisión monetario o un incremento en la colocación de deuda en pesos. Ambos escenarios tornan casi inviable la posibilidad de bajar la inflación por debajo del 6% por mes. Por eso, la mayoría de los analistas sostiene que la inflación acumulada en 2023 podría superar cómodamente el 100%.