El cuadro no tiene cura, pero el 80% puede controlarse con una dieta. Los síntomas principales son: dolor y distensión abdominal, vómitos, diarrea y flatulencias

En los últimos tiempos cada vez más personas sufren la intolerancia a la lactosa, sobre todo en una franja etaria joven. Esta intolerancia se produce por la deficiencia de una enzima llamada lactasa que se encuentra en la superficie del intestino delgado.

En tanto, la lactasa es un hidrato de carbono que se encuentra en la leche de mamíferos. En Argentina se estima que seis de cada diez personas padecen esta enfermedad.

En este contexto, especialistas en diálogo profundizaron el tema. “La lactosa como tal no es digerible y necesita ser dividida por medio de esta enzima, en una molécula de glucosa y otra de galactosa para que se pueda digerir y absorber”, explicó el médico especialista en gastroenterología pediátrica Gaspar Dusset.

A consecuencia de la falta de digestión de la enzima en el intestino delgado, pasa al intestino grueso, en el que por acción de las bacterias intestinales se fermenta y a raíz de eso comienzan los síntomas.

Precisamente, la reacción ante la ingesta de lactosa produce distensión y dolor abdominal, náuseas, vómitos, exceso de flatulencias y diarrea. La intensidad de los síntomas dependerá de la poca o nula presencia de la enzima en el intestino delgado y de la cantidad de lactosa ingerida.

Causas

En cuanto a las causas, Dusset detalló que “en general la intolerancia se produce por una enfermedad o infección a nivel del intestino delgado que daña la superficie del intestino y hace que se pierda la enzima lactasa”.

Por su parte, la nutricionista  Belén Ávalos mencionó que la intolerancia a la lactosa no puede curarse, pero sí mejorar con una dieta adecuada. Casi el 80% de los pacientes responde a una dieta sin lactosa.

Una alternativa es reducir la cantidad de leche y derivados lácteos dependiendo el paciente. “El yogur, el queso, leche de cabra, helados, leches sin lactosa y  bebidas vegetales son más fáciles de digerir”, indicó la profesional.

En la misma línea, agregó que las personas con intolerancia a la lactosa pueden tomar cápsulas de lactasa o añadir gotas de lactasa a la leche que van a consumir.“En cualquier caso, si los lácteos se reducen, es importante mantener un aporte adecuado de vitaminas y se debe continuar con una dieta rica en calcio”.

En menor medida, en algunos pacientes la intolerancia a la lactosa es muy grave y además de no tolerar la leche y derivados, tampoco pueden consumir alimentos con lactosa añadida.

En este sentido, la nutricionista agregó que hay que observar minuciosamente los productos a comprar. “Hay que mirar en las etiquetas que indican la composición de los alimentos, pero, en general, puede encontrarse lactosa en: pan, galletas, magdalenas, productos de pastelería, cereales de desayuno y comidas ya elaboradas como puré o tartas”. 

Según indicaron los profesionales, el diagnóstico se puede confirmar mediante tres pruebas. Una de ellas es la prueba de tolerancia a la lactosa, en la que tras ingerir por boca 50 gramos de lactosa se toman muestras de sangre.

Esas muestras se repiten a los 30, a los 60 y a los 120 minutos, debiendo aparecer normalmente un aumento de dos miligramos por decilitro. Si el aumento es menor, sugiere malabsorción de lactosa.

En el mismo marco, también se puede realizar la prueba de aliento que es una de las más realizadas para llegar al diagnóstico. Busca comprobar si aumenta el hidrógeno en el aire exhalado, tras la ingesta de 50 gramos de lactosa.

Por último, también se puede detectar a través de la prueba de acidez fecal. La acidez de las heces es alta en la intolerancia a la lactosa. Es un método poco empleado por profesionales.

“Actualmente se ven más pacientes con intolerancia a la lactosa. Se puede producir a cualquier edad, desde la infancia hasta la edad adulta. En general, cuanto más adulta es la persona, tiene menos producción de la enzima lactasa”, concluyó Dusset.