En el caso de la cerveza, la demanda en 2021 aumentó 15% y vaticinan para este año un crecimiento en los pedidos. Además, el helado suma adeptos por sobre el de tipo industrial

Los productos artesanales comienzan a tomar un lugar preponderante en lo que refiere a consumo este verano. Cada vez son más las familias y grupos de amigos que eligen cervezas, comidas y postres realizados con procesos distintos a los industriales.

En toda la provincia, pero en la ciudad de Posadas mayormente, el auge de estos lugares está siendo inusitado, con cada vez más opciones y variedad en el mercado. Esto indudablemente está generando un crecimiento importante, principalmente en lo que respecta a las cervezas, alimentos –como el queso- y helados. De esta manera, lo elaborado a nivel local tuvo un aumento pospandemia y es protagonista en esta temporada.

En el caso de los helados, se valora mucho la calidad del producto, como también que sea fresco. La cremosidad y el sabor son dos puntos clave en la diferenciación, según remarcan. En el caso de las cervezas, el consumo es mayor que en la prepandemia, incluso hasta en un 15 por ciento. Mientras, el queso también se destaca En todos los casos, ponderan la ampliación del público, pues aducen que en 2019 eran más los jóvenes quienes elegían este tipo de productos y ahora lo consumen todos los rangos etarios.

Artesanos de la birra
Un producto que ganó terreno en los últimos años es la cerveza artesanal, presente en bares en medio de una juntada con amigos. ‘Una pinta, por favor’, una frase que se volvió habitual. A lo largo de 2021 proliferaron negocios que se volcaron a la venta de cerveza artesanal en Posadas, en el afán de abastecer la creciente demanda.

Sobre este punto Enrique Lovera, propietario de la cervecería Abadía, comentó: “Cerramos un 2021 realmente muy bueno, con muchos eventos y con gran demanda de cerveza artesanal. A diferencia de épocas anteriores, que teníamos un nicho de mercado dedicado al consumo, ahora se amplió. Incluso la gente de más edad, que antes no consumía cerveza artesanal, ahora lo hace”.

En diálogo indicó que “el crecimiento se dio por una cuestión del propio mercado, en el que los consumidores se están volcando al producto artesanal, que es de elaboración local. Esto hace que sea más activa la economía desde el punto de vista de los productores”.

En este sentido, Lovera señaló que el 2021 concluyó con un crecimiento del 15% en la demanda y consumo de cerveza artesanal, comparado con el mismo período de 2019.

“Antes de la pandemia veníamos bastante bien, pero con el arribo del virus se retrajo un poco la demanda y se sintió en la producción en las empresas chicas y medianas. Pero el 2021 fue un período bastante particular, porque se incrementó el consumo que ya había en 2019”, precisó.

Al mismo tiempo, comentó que, en su caso particular, tiene una producción entre 5.000 y 7.000 litros mensuales, este último representa un valor que registraron en diciembre pasado, tiempo de mayor consumo por parte de los posadeños, en consonancia con la temporada estival. Y precisó que el precio de la pinta oscila entre los 250 y 320 pesos, lo que depende del tipo de cerveza.

“Lo fundamental es que se consume un producto local, y lo tenés prácticamente de inmediato, al lado de la producción. Además, no tiene logística ni requiere del transporte como sí ocurre desde las grandes capitales donde se hacen las producciones industriales de cerveza, como Buenos Aires, Córdoba y Corrientes. Además, la cerveza artesanal es mucho más sana porque no tiene conservantes ni ningún tipo de aditivo. Es un producto que se consume en poco tiempo desde que fue elaborada”, comentó.

Asimismo, Lovera estimó que el consumo irá en aumento. “La demanda crecerá, ya que hay muchos nichos de mercado que antes no trabajábamos y hoy por hoy sí lo estamos haciendo, porque a la gente le gusta, elige consumir productos que son locales. Se volvió un hábito, por ejemplo en Posadas. Y ese movimiento y demanda que estamos teniendo, con crecimiento en 2019 y en ascenso a lo largo del 2021, genera un impacto importante y constante para los pequeños productores de cerveza”, señaló.

Por su parte, Leandro Cingolani, quien se dedica a la venta de quesos y chacinados artesanales, comentó que “la recepción es buena para la gente que conoce la diferencia con los productos industriales. En mi caso, hago tablas de picadas, que invitan a acompañar con una cerveza o vino”.

La calidad como norte
Nicolás Beretta comenzó a producir helados artesanales hace unos ocho o nueve años. Su local –Lotta Helados–, donde está hace unos cinco, ya se convirtió en una marca registrada en Posadas y se expande hacia el interior de la provincia con franquicias también en Alem y Jardín América. Remarcó que la clave es el trabajo manual y minucioso en todas las etapas del proceso, además de la elección de los productos frescos y de calidad.

El fabricante explicó que este tipo de productos conserva los nutrientes propios de las frutas y demás materias primas, justamente por el procedimiento con el que se lleva a cabo. En tanto, la cremosidad y suavidad son dos cualidades puntuales de los helados artesanales.

“Yo soy el que está en todas las etapas, desde comprar los productos hasta que se llevan para la venta. Me gusta estar en cada detalle y tener la seguridad de lo que estoy haciendo. Cocino desde los 9 años, trabajé en un banco, pero siempre tuve el interés y cuando me fui del banco, me puse una pizzería en el barrio Terrazas”, dijo.

Y agregó: “Siempre me gustó la cocina salada, es mi pasión desde chico, pero siempre me quedé con eso del helado. Me asesoré con un compañero de escuela de mi hermano que tiene una heladería en Roma y cuyo padre también está en el negocio en Buenos Aires, siempre vi cómo fabricaban. Me dio contactos en el país y empecé despacito, hace dos o tres años tuve la oportunidad de venir al centro, porque este local es de un amigo”.

“Esto de la gastronomía, más allá del oficio, la pasión y el corazón que uno le ponga, también es la materia prima que se utiliza, por eso utilizamos materiales más premium, pues es un helado cuidado el que fabrico, se hace balde a balde, la artesanalidad está desde ese lugar, o sea, acá no hay una máquina que procesa, que hace, acá es todo a mano: se exprimen las naranjas, se verifica que las bananas estén al punto que tiene que ser, se hace poquito, se prueba para verificar el sabor, todo. Es un helado muy trabajado”, manifestó.

Sobre el proceso, contó que tiene tres etapas. “Es básicamente leche, crema de leche y azúcar. Esa crema se cocina a 85 grados, eso lo tenés que pasteurizar, lo bajás a temperatura heladera y lo ideal es que el estacionamiento de esa crema sea de un día más o menos para que se integren los componentes. Luego va a la fabricadora que saca un balde cada diez o doce minutos, más unos tres o cuatro que llevan sembrado, como el tramontana, el granizado”, dijo.

Aseveró que el secreto está en el batido, lo que hace que el helado artesanal sea totalmente distinto al industrial.

Mencionó que actualmente trabaja con unos 36 gustos y destacó la predilección de la gente pese a que el local no se encuentra sobre las calles más céntricas. “Tenemos una clientela definida, pero vemos que se va ampliando”, remarcó. Y acotó que este cambio se empieza a dar desde el pensamiento de la gente.

“Acá el helado está asociado a algo que refresca, pero en Buenos Aires, Rosario, Mar de Plata hay más consumo incluso en invierno, porque se lo considera como un postre. Esa tendencia se está dando de a poco en Posadas y los hábitos de consumo van cambiando”, puntualizó.

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