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Pese a que las ventas cayeron y los costos subieron de manera exponencial, Gabriel Fernández, continúa con su actividad como hace 18 años, ahora en la esquina de Av. Corrientes y Centenario. “Gracias a Dios, todavía se subsiste, pero antes ganábamos 100 pesos por día y ahora ganamos lo mismo”, graficó.

La actividad de los vendedores ambulantes se vio afectada por el aumento de la inflación, en particular, la suba en los alimentos, que impactó negativamente entre los comerciantes de frutas y verduras. Sin embargo, la actividad sigue permitiendo subsistir a algunos vendedores ambulantes, que siguen trabajando “como cable a tierra” y por mantener la clientela con la que mantienen un vínculo cercano.

Tal es el caso de Gabriel Fernández, un jubilado que vende frutillas en la esquina de Avenidas Centenario y Corrientes, en las cuatro Avenidas de Posadas, y que relató su quehacer diario.

“Por los años que tengo en la calle cuento con una clientela muy linda y muy buena. Me cuidan, me responden y vienen a comprarme. En esta esquina hace 17 – 18 años que estoy”, contó Fernández, aclarando que estuvo en otras esquinas en el macro centro de Posadas.

Consultado al respecto, el vendedor aclaró que la situación se tornó crítica por la inflación. “Económicamente todos pasamos la misma situación. Está pesado, aumentaron muchos los costos. Pero dentro de todo, gracias a Dios todavía se subsiste”, sostuvo.

Sin embargo, aclaró: “No es lo de antes. Antes ganábamos 100 pesos por día y ahora ganamos 100 pesos”, expresó Fernández, ilustrando con elocuencia, las pérdidas implícitas de obtener idénticas ganancias en un contexto de pulverización del poder adquisitivo del peso argentino.

“Tengo una jubilación mínima, pero para mí es un cable a tierra, porque en mi casa, encerrado, me muero”, confió Fernández, dando cuenta de los elementos subjetivos que lo mueven a continuar vendiendo frutillas en la calle.

En cuanto al dinero que está llevándose a su casa, el jubilado explicó que es variable, aunque se autoimpuso un mínimo diario. “Me impuse un básico de 1500 pesos por día. Mis días de trabajo comienzan a las 4 y media, y a las 6 ya estoy acá”, detalló.

Por otra parte, la fidelidad de sus clientes, algunos de los cuales son médicos del Sanatorio IOT, incidió en que Fernández se mantenga en su esquina. “Cuando paso unos días sin venir, al volver, me preguntan qué me pasó, por qué no vine, si necesito algo. En el IOT hay varios profesionales que me compran y se preocupan por mi salud. Tuve neumonía y me quedaron las secuelas, tengo EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva y Crónica)”, reveló.

Finalmente, el vendedor remarcó que está notando como se retrajo el poder adquisitivo de los compradores, en este caso, de frutillas frescas. “Hay gente que quiere comprarte y no puede, porque los costos se fueron. Con 72 años tengo que trabajar lo mismo”, remató.