En un día se registraron al menos tres denuncias por diferentes delitos contra jóvenes adictos. Crudo testimonio de la madre de uno de los implicados. Estadísticas del flagelo

El pasado 25 de diciembre, Ariel Omar Ramírez (42) fue golpeado y apuñalado por integrantes de una patota que lo abordó en el barrio San José de Oberá. La víctima salvó su vida de milagro, según reconocieron desde el Hospital Samic, donde permanece internado.

Luego del brutal ataque la Policía detuvo a dos jóvenes de 21 y 19 años, y demoró a un menor de 15, todos con antecedentes. También coinciden en su adicción a las drogas, como informó una fuente de la investigación.

El mismo 25 se desató un voraz incendio que destruyó cuatro viviendas en el barrio Gunther. Desde un primer momento las sospechas apuntaron a Jésica D. S. (21), a quien varios testigos identificaron como la responsable de iniciar el fuego.

Un par de días más tarde la joven fue detenida en Villa Kleiven y puesta a disposición del Juzgado de Instrucción Dos de Oberá.

En tanto, desde fines de noviembre los dos hijos de la implicada están a cargo de la abuela paterna, medida de protección impuesta luego que funcionarios de la Dirección de Niñez y Familia de la Municipalidad constataron que las criaturas se hallaban en estado de abandono.

Asimismo, vecinos y familiares de Jésica D. S. alertaron sobre su grave adicción al alcohol y las drogas desde temprana edad.

También el 25 de diciembre, Noelia R. se presentó ante la Comisaría de la Mujer y denunció a su propio hijo, Alexis (19), al tiempo que reconoció que el muchacho consume todo tipo de drogas.

Tres denuncias en un mismo día contra jóvenes drogadictos. Tres casos que grafican la magnitud de un drama que avanza sin control en Oberá.

“Esto no es vida”
En diálogo, la madre de Alexis expresó su desesperación e impotencia ante el deterioro del joven, como también las limitaciones legales para su internación obligatoria, única opción que avizora para salvar a su hijo.

“La Justicia jamás me apoyó. Fui víctima de violencia de género, por eso hace cinco años me separé del padre de mis dos hijos, quien a su vez no cumple con ninguna de sus obligaciones como padre. Por eso trabajo más de diez horas por día para poder mantener a mis hijos”, subrayó Noelia.

Visiblemente afectada, precisó que el pasado 25 de diciembre el muchacho agredió a su propia hermana y estaba descontrolado, por lo que no le quedó más opción que denunciarlo.

“Fue un episodio de violencia muy feo a raíz del consumo de drogas. Hice la denuncia en la Comisaría de la Mujer y me dijeron que van a solicitar la exclusión del hogar, pero tampoco es la solución porque va a terminar muerto drogándose en la calle”, alertó desesperada.

Por ello, insistió en la necesidad de internarlo en un centro de rehabilitación, pero al ser mayor de edad choca con la negativa del propio adicto.

En tal sentido, expresó su aval para que “algún juez ordene su internación. Mi hijo ahora no me entiende, pero el día de mañana -si se recupera- me va agradecer. Yo no duermo de noche por temor a que le hagan algo o que él lastime a alguien. Esto no es vida”.

Contó que Alexis es adicto a varias sustancias, desde marihuana y cocaína, como también a los psicofármacos y el alcohol.

Idas y vueltas
Según manifestó Noelia, antes de caer en las garras de las drogas su hijo era un chico afectuoso, alegre y buen alumno. Pero su mundo comenzó a derrumbarse con la separación de los padres.

“Empezó la escuela técnica y fue bien hasta segundo año, pero ahí empezó a cambiar. Fue en la época de la separación. Perdía el celular y sus cosas, o eso pensaba yo, pero en realidad vendía todo para comprar drogas. A los 16 desapareció una semana y lo encontré en una villa, sucio y flaco. Lo llevé a casa. Pedí ayuda en la Municipalidad y una psicóloga lo vio una vez. Eso fue todo”, explicó.

También recurrió a la Pastoral de Adicciones, dependiente del Obispado de Oberá, pero su hijo asistió con intermitencia.

Luego, por gente conocida del barrio, empezó a concurrir a una iglesia evangélica, consiguió trabajo y no consumió durante siete meses.

“Era otra persona, había recuperado a mi hijo. Después cayó otra vez y empezaron a faltar cosas de la casa. Entonces hice un gran esfuerzo y lo interné en una clínica privada donde permaneció tres meses. Pero el único tratamiento era medicarlo. Le daban un cóctel de siete pastillas y parecía un zombi. Eso tampoco es la solución”, remarcó.

Ya con 19 años y ser mayor de edad, Alexis debe dar su consentimiento para realizar un tratamiento de desintoxicación, a lo que se rehúsa.

“Golpeé todas las puertas pero nadie me da una solución. Soy una madre desesperada que busca salvar la vida de su hijo. Pido que internen a mi hijo para que no se lastime ni lastime a nadie. Las autoridades actúan cuando el daño ya está hecho mandando a la cárcel al adicto, pero falta prevención y tratamiento para no llegar a lo peor”, reclamó.

Droga y delito

Según estadísticas del Juzgado Correccional y de Menores de Oberá, el 70 por ciento de los menores que están judicializados son consumidores de sustancias adictivas.

En tanto, desde la Pastoral de Adicciones de Oberá indicaron que el consumo se inicia a los 10 años, en promedio.

A esa edad los chicos fuman marihuana, aspiran tolueno y combinan clonazepan con alcohol. El organismo también alertó sobre el avance en el ámbito local de drogas duras como la cocaína, la pasta base y el LSD.

Explicaron que el narcomenudeo que se nutre de menores que venden para consumir, futuros “soldaditos” de la organización, y en todos los barrios hay kioscos de drogas. Por otra parte, desde hace varios años diferentes autoridades locales y provinciales vienen anunciando la creación de un centro de rehabilitación en lo que fuera el predio de la Escuela 173 de Paraje Fontana.

El citado edificio fue desocupado en 2010, pero la expectativa se fue diluyendo y todo quedó en promesas. En ese contexto, los adictos que aceptan realizar un tratamiento son derivados a instituciones de Posadas, lo que muchas veces dificulta la recuperación por el desarraigo que implica mudarse de ciudad. Asimismo, las entidades de la capital provincial están saturadas y no siempre hay cupos ni en el momento que requiere el enfermo.

En cifras

70%Según estadísticas del Juzgado Correccional y de Menores de Oberá, el 70 por ciento de los menores que están judicializados son consumidores de sustancias

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